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Despido disciplinario: por qué tus normas internas (y la nueva audiencia previa) son decisivas

Cobrar a familiares en la propia caja, usar las redes sociales en horario de trabajo pese a la prohibición expresa, saltarse un protocolo de seguridad… Son conductas que, cuando incumplen una norma interna conocida por la plantilla, pueden justificar un despido disciplinario por transgresión de la buena fe contractual. Pero para que sea procedente, la empresa tiene que hacer bien los deberes.

En el plano material, los tribunales exigen tres cosas: gravedad (vulneración relevante de la lealtad y la confianza del puesto), culpabilidad (que el trabajador actuara siendo consciente de la ilicitud) y proporcionalidad (el despido como respuesta ajustada al hecho, valorando antigüedad y trayectoria). A ello se suma la inmediatez: no se pueden guardar los hechos indefinidamente.

Y en el plano formal, la novedad más importante: ya no basta con entregar la carta de despido. La empresa debe ofrecer una audiencia previa, informando de los hechos imputados y dando un plazo para alegar antes de decidir. Omitir ese trámite puede tumbar el despido aunque el motivo de fondo fuera sólido.

Aquí las normas internas marcan la diferencia: una empresa que tiene sus políticas por escrito, las ha comunicado y puede acreditar que el trabajador las conocía parte con ventaja. Conviene además revisar el convenio colectivo.

En Gonzalbes elaboramos protocolos internos que aguanten en un juzgado y tramitamos correctamente los despidos disciplinarios. Antes de despedir, déjanos revisarlo contigo: un error de forma puede costar una indemnización


 
 
 

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